Contrapesos desde Abajo: Cooperativas de Pescadores Mexicanas y las Políticas Públicas
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Introducción
En México diferentes actores participan en la actividad pesquera. Por un lado, se encuentra la iniciativa privada, la cual está integrada primordialmente por los empresarios que poseen capital y flotas. Por otro lado, nos encontramos nosotros, el sector social de la pesca, el cual está formado por los pescadores organizados bajo diversas figuras legales, siendo la más representativa y extendida la sociedad cooperativa de las actividades del mar en la producción pesquera. Ambos sectores, tanto el privado como el social, contamos con una legislación robusta emitida por el Gobierno mexicano. Este marco jurídico no es una concesión gratuita, sino que es el que reconoce nuestra representatividad ante las leyes y está avalado por nuestra Constitución.
Para nosotros, este reconocimiento es una herramienta fundamental que nos permite tener voz y participar como interlocutores legítimos en los espacios y escenarios donde se toman las decisiones públicas que afectan nuestra vida diaria. A partir de este marco jurídico y constitucional, nosotros hemos utilizado la herramienta de la libre asociación para agruparnos, asociarnos y generar cooperativas. Esta no es una labor reciente; tenemos cooperativas dentro de nuestra organización que cuentan con una antigüedad de más de 70 años, algunas desde los años 70 y otras incluso desde el inicio del cooperativismo en México. A lo largo de estas décadas, nos hemos adaptado a las diversas modificaciones y reformas a la ley, pero lo hemos hecho sin perder nunca el sentido social de la figura de cooperativa.
Dada la necesidad de tener representatividad en los diferentes escenarios de participación social, las cooperativas empezamos a agruparnos en federaciones por estados y regiones. Estas federaciones crearon la Confederación Nacional de Cooperativas Pesqueras y Acuícolas (CONACOOP). En 2014, unas Federaciones formaron la Confederación Mexicana de Cooperativas Pesqueras y Acuícolas (CONMECOOP), la cual ahora representa 45 Federaciones en 15 estados. La confederación es un órgano interlocutor que cree sinergia y que proponga políticas públicas ante el gobierno.

Líderes de 41 de las federaciones de cooperativas que conforman CONMECOOP se reúnen para una foto grupal en el puerto de La Paz, México, mayo de 2024.
Crédito: Judy Gearhart
En este escenario, el concepto de contrapeso surge de una necesidad histórica y social muy clara. Como sector social [empresas sociales que representan a sus miembros], no queríamos dejarle todo el protagonismo a los empresarios y a la iniciativa privada para regir los destinos de la pesca. Éramos conscientes de que permitir que un solo sector dominara la agenda significaba caer en vicios peligrosos que iban desde el aprovechamiento del pago justo al pescador hasta los monopolios de permisos y concesiones a la pesca. Por eso, entendimos que el contrapeso tenía que ser el factor humano, el trabajador del mar, es decir, los pescadores organizados. El objetivo de este contrapeso es asegurar que en las mesas donde se definen las reglas del juego, la balanza tiene que estar equilibrada.
El contrapeso, en este sentido, también funciona como una forma de rendición de cuentas. Es la manera en que el sector social puede participar en las decisiones, cuestionar cuando es necesario y exigir que las reglas se apliquen de manera justa para todos. No se trata solo de estar presentes en una reunión; se trata de incidir, de equilibrar y de evitar que una sola parte defina las condiciones que rigen a miles de familias que dependen del mar.
Organización: agruparnos para tener representatividad
La base fundamental de cualquier ejercicio de contrapeso es la organización. Si bien el marco jurídico nos permitió agruparnos y obtener representatividad ante las leyes, la organización no es algo que se quede simplemente en lo formal o en un registro ante notario. La verdadera organización se construye en la práctica cotidiana y nace de la necesidad imperante de tener una voz colectiva que sea capaz de participar con fuerza en los espacios de decisión.
La estructura de CONMECOOP se construye desde la cooperativa local hacia las federaciones y de ahí a la confederación nacional. Esta arquitectura organizativa responde a la necesidad de tener presencia en distintos niveles gubernamentales y de poder participar de manera articulada. Porque hay una diferencia muy clara y tangible: no es lo mismo un pescador que intenta vender su producto solo y que intenta negociar con la autoridad por su cuenta, que un pescador que actúa bajo el amparo y el respaldo de un grupo organizado
Cuando estamos organizados, poseemos un poder de negociación mucho más sólido. Podemos sentarnos en la mesa, podemos proponer y podemos participar activamente con planteamientos fuertes. Esta capacidad emana directamente de la organización colectiva. Por esta razón, el primer paso indispensable para cualquier estrategia de contrapeso es organizarnos de manera que seamos una estructura fuerte, confiable, transparente y honesta. Sin estos ingredientes, la representatividad es hueca y el contrapeso no tiene el peso necesario para mover la balanza.
Autonomía: un liderazgo sin intenciones políticas
El ejercicio efectivo del contrapeso depende intrínsecamente de la autonomía real y de un verdadero autogobierno. En México, el sector pesquero sufrió durante muchos años bajo un paternalismo de gobierno y un modelo de corporativismo que se consolidó desde los años 70. Este sistema nos ataba a los intereses de los partidos políticos en turno; existía un control donde, si las organizaciones querían acceder a beneficios o apoyos gubernamentales, tenían que seguir forzosamente la línea política que el gobierno nos dictaba. Eso anulaba nuestra autonomía y limitaba drásticamente nuestra capacidad de disentir o cuestionar las decisiones oficiales.
Nosotros empezamos a romper con ese esquema mediante la madurez de decidir que queríamos ser autónomos. Para lograrlo, establecimos reglas internas muy claras. La más importante es que al frente de la organización no debe haber intenciones políticas [electorales] de ningún líder que esté en funciones oficiales para representar a la CONMECOOP. Esto es un factor de higiene institucional: si el líder tiene la aspiración de jugar para ser senador o diputado, tiene que renunciar obligatoriamente a su cargo en el liderazgo de la organización. No prohibimos el crecimiento humano de nuestros líderes, pero sí exigimos que su labor en la confederación sea exclusivamente para defender los intereses del sector, sin inducciones o inclinaciones hacia tal o cual partido político.
Existe otro elemento fundamental para nuestra autonomía: el factor financiero. Nuestra organización tiene una autonomía total y absoluta porque no recibimos ni un solo peso de ninguna organización gubernamental. Nos mantenemos exclusivamente de las cuotas que aportan los socios a las cooperativas, las cooperativas a las federaciones y estas a la confederación. Aunque tenemos aliados estratégicos para ciertos temas de la agenda que nos apoyan con gastos operativos como viajes o actividades específicas, ningún recurso externo va destinado al sueldo de nadie ni al gasto corriente de la estructura. Esta independencia financiera nos da el margen de autogestión necesario para hablar con libertad, señalar los problemas del sector y sostener posiciones propias sin temor a que el gobierno nos cierre la llave del presupuesto.
Esta independencia y madurez democrática se refleja incluso en nuestras asambleas nacionales. A diferencia de otras organizaciones donde el presidente controla todo el proceso, las asambleas de la CONMECOOP no las dirige el Presidente de la confederación. En el momento de la asamblea, se elige democráticamente una mesa de debates compuesta por un presidente, un secretario y un escrutador. En ese instante, ellos se convierten en la máxima autoridad y el dirigente nacional pasa a ser simplemente un socio más. En esa posición de igualdad, el líder tiene que rendir cuentas ante el colectivo mediante este método transparente. Sin esta autonomía financiera y política, no se podría ejercer el contrapeso al gobierno, porque si dependes económicamente de quien toma las decisiones, pierdes la capacidad de cuestionarlo y, por ende, pierdes la capacidad de equilibrar la balanza.
Competencia con el sector privado: definir las reglas de juego
Una de las dimensiones más complejas y constantes del contrapeso es nuestra relación con la iniciativa privada. Si bien estamos en una economía de mercado y existe una competencia lógica, el contrapeso que nosotros ejercemos no se limita al tema comercial de compra y venta. Aunque es cierto que estar agrupados nos da un poder de negociación diferente frente a los comercializadores, el verdadero terreno del contrapeso son las políticas públicas de regulación y ordenamiento.
Es en la discusión sobre permisos, concesiones, planes de manejo y herramientas de manejo pesquero donde realmente competimos. En esas mesas de trabajo nos sentamos todos los actores: el sector privado con sus intereses empresariales, el sector social defendiendo los intereses de las comunidades, el gobierno como regulador y la parte científica como asesora. Es una relación tripartita —privado, social y gobierno— donde cada quien defiende su visión del sector.
Esta discusión es de vital importancia porque de ella se define quién tiene acceso a los recursos naturales del mar, bajo qué modalidades y bajo qué reglas. Existe un riesgo latente y constante de que los permisos y las concesiones se concentren en unos pocos actores con gran capacidad económica, lo cual generaría monopolios que desplazarían al pescador artesanal y social. Nosotros intervenimos en esa mesa para evitar estos vicios y para buscar condiciones que sean más equitativas para los trabajadores del mar. El contrapeso consiste precisamente en asegurar que no se imponga una sola visión y que el interés social sea tomado en cuenta para que los destinos de la pesca no sean regidos únicamente por la rentabilidad económica de unos cuantos.
La ciencia: información, evidencia y mediación social
En el mundo de la regulación pesquera, toda discusión técnica debe partir necesariamente de una propuesta científica. La ciencia es la que propone las fechas de apertura de temporada, las fechas de cierre para las vedas y las cuotas de captura. Sin embargo, en México nos enfrentamos a una realidad complicada respecto al instituto oficial de investigación, el IMIPAS [Instituto Mexicano de Investigación en Pesca y Acuacultura Sustentables]. Como sector social, a menudo no confiamos plenamente en sus propuestas, y no es necesariamente por una cuestión de malas intenciones o negociaciones sucias, sino por su evidente falta de capacidad y presupuesto. El instituto carece frecuentemente de los recursos humanos y económicos necesarios para realizar investigaciones a fondo en todo el territorio nacional.
Esta carencia nos pone en una situación donde, cuando ellos proponen datos, nosotros desconfiamos de su fidelidad. Para que el proceso sea fidedigno y podamos tener confianza, lo que hemos hecho es colaborar y participar directamente en la investigación de las pesquerías que nos regulan. Trabajamos junto a nuestros propios asesores técnicos para generar información propia desde el territorio. Como estamos en el agua todos los días, muchas veces tenemos más información real los productores que el propio gobierno o el instituto.
Este conocimiento nos permite entrar en la mesa de debate con un sustento sólido. La ciencia propone un manejo, por ejemplo, estableciendo una fecha fija de apertura, pero nosotros entramos en una mediación para buscar acuerdos. Justificamos que a veces las fechas científicas no son las correctas desde el punto de vista social o económico; por ejemplo, si en la fecha propuesta el precio del producto está muy barato o no hay condiciones de mercado. Argumentamos que el interés social puede ser elástico y que, basándonos en nuestra propia evidencia y sin afectar la sustentabilidad del recurso, se pueden ajustar las herramientas de manejo de algunas pesquerías.[1] El contrapeso, entonces, también consiste en utilizar la información y la evidencia técnica para equilibrar la toma de decisiones y evitar que se impongan criterios científicos aislados de la realidad social y económica de los pescadores.
Incidencia legislativa: el caso de la Marina y la criminalización
Otro espacio fundamental donde ejercemos el contrapeso es en el ámbito legislativo. Nosotros empujamos con fuerza la socialización de la agenda legislativa para asegurarnos de que el legislador no escuche únicamente a una de las partes. Además, por ley, cuando se pretende emitir un decreto o realizar una modificación a la normativa pesquera, se debe realizar una consulta pública a la gente a la que va dirigida esa medida. Nuestra función es ser el contrapeso de los que podemos ser afectados por decisiones tomadas desde un escritorio.
Un ejemplo muy reciente y de gran relevancia es nuestra oposición firme a la propuesta de que la Marina asuma las funciones totales de inspección y vigilancia, sustituyendo a la autoridad civil de CONAPESCA [Comisión Nacional de Acuacultura y Pesca]. Nuestra postura no es un capricho, sino que nace del conocimiento del desorden pesquero que el Estado ha permitido durante los últimos 60 años. Actualmente existe un retraso de aproximadamente un 40 por ciento en la entrega de permisos y concesiones a pescadores que hicieron su trámite en tiempo y forma. Sin embargo, debido a que la autoridad no tiene la capacidad económica ni humana para procesar estos documentos, muchos pescadores se ven obligados a salir al mar con permisos vencidos (aunque han hecho todos sus trámites en tiempo y forma).
Si en este contexto de desorden administrativo metemos a los marinos, cuya función es simplemente abrir el librito y aplicar la ley a rajatabla, el resultado será una injusticia masiva. Si hacen eso, van a tener que tener una cárcel bien grande y bien amplia, porque detendrían a miles de inocentes que trabajan por necesidad y posibles víctimas de la propia ineficiencia del gobierno. El contrapeso que ejercimos en la Cámara de Diputados logró frenar este cambio por el momento, argumentando que no se puede aplicar una vigilancia punitiva y militarizada sin antes realizar un ordenamiento pesquero real que solucione el rezago que el mismo gobierno ha provocado. Este es el contrapeso en la práctica: evitar que un acto autoritario de gobierno criminalice al sector social por fallas administrativas del Estado.
Vigilancia tripartita y el cuello de botella judicial
Ante la evidente carencia de recursos del gobierno y su falta de interés histórico por combatir eficazmente la pesca ilegal e irregular, nosotros hemos tomado la iniciativa de crear comités de inspección y vigilancia comunitarios. Es vital aclarar que no somos grupos de autodefensa ni grupos armados; nuestro objetivo es coadyuvar con las autoridades, no sustituirlas. Nosotros no podemos realizar labores de vigilancia sin la presencia física de la autoridad legal.
El modelo que hemos construido es una colaboración tripartita donde participamos el sector civil, el militar y el social juntos. En este esquema, los pescadores organizados ponemos las embarcaciones y el personal operativo para los recorridos, mientras que la Marina aporta la seguridad y CONAPESCA aporta la parte administrativa y la legalidad del acto. Son tripulaciones mixtas que patrullan el mar para proteger el recurso que nos da de comer.
Sin embargo, nos enfrentamos a un límite frustrante en el sistema judicial. Muy a menudo, todo el esfuerzo de estas tripulaciones se pierde cuando el caso llega a los juzgados. No hay confianza en los procesos judiciales porque la forma de pensar de muchos jueces es que el pescador ilegal no es un delincuente de gran escala, sino alguien que salió a pescar por necesidad para el sustento de su familia. Bajo esta premisa de “necesidad”, el proceso se debilita y el juez termina imponiendo la pena mínima o dejando en libertad a los infractores. Esta impunidad destruye el incentivo de la vigilancia. Por eso, nuestro papel de contrapeso también implica presionar para modificar los protocolos judiciales y lograr que los castigos sean más severos. Si no hay consecuencias reales para la pesca ilegal, el sistema de sanciones no funciona y el equilibrio se rompe
Relación con ONGs: buscar el punto intermedio
En las últimas décadas, el gobierno mexicano ha dejado espacios vacíos en temas de capacitación, elaboración de planes de manejo y diseño de políticas públicas. Esos huecos han sido cubiertos en gran medida por organizaciones no gubernamentales (ONGs) ambientales. Nuestra relación con estas sociedades civiles es compleja y se define bajo una postura muy clara: ‘ni muy muy, ni tan tanto.’
Hemos aprendido a crear alianzas estratégicas con aquellas organizaciones que comparten nuestra agenda y que respetan el sentido social de nuestra actividad. Entendemos que no todo puede ser conservación radical que prohíba la actividad humana, pero también somos conscientes de que no todo puede ser pesca sin control y depredación de los recursos. Buscamos un punto intermedio, un equilibrio donde se respete el factor económico y el sustento de las familias, pero siempre buscando un aprovechamiento sustentable del medio ambiente. Con las organizaciones que no son radicales y que apuestan por este equilibrio, hemos construido puentes y seguiremos trabajando, siempre ejerciendo nuestro propio contrapeso para que sus agendas externas no pongan en riesgo la viabilidad de nuestra actividad pesquera tradicional.
Conclusión: la medicina para la enfermedad del sector
Para concluir, debemos recalcar que el contrapeso real y efectivo requiere tener voz y tener el valor de levantar la mano frente a la autoridad y frente a otros sectores. Pero no basta con levantar la mano para quejarse; hay que hacerlo con sustento y con propuestas claras. Si no lo hacemos así, si no tenemos una base técnica y una organización sólida detrás, únicamente vamos a ser los gritones de la calle que se quejan sin aportar soluciones reales
Como decimos nosotros frecuentemente: quejarnos no nos quita la enfermedad. La queja es simplemente una luz de alerta, un síntoma que nos avisa que algo está mal, pero por sí sola no cura nada. Si realmente queremos sanar al sector pesquero y mejorar nuestras condiciones de vida, tenemos que ir al médico y tenemos que tomar la medicina para curarnos. Para nosotros, esa medicina es la organización misma.
Un contrapeso que funcione necesita tener todos los ingredientes: ser una organización fuerte, ser confiable ante sus bases y ante el exterior, ser totalmente transparente en el manejo de sus recursos y de sus procesos democráticos, y ser honesta en sus planteamientos. Solo a través de una organización con estas características, que sea capaz de generar su propia información y de incidir con autonomía en cada mesa de decisión, podremos garantizar que, en el futuro de la pesca mexicana, la balanza tiene que estar equilibrada.
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Este blog es un resumen de una entrevista realizada a los autores por Jonathan Fox. La transcripción se convirtió en un blog mediante un ejercicio piloto vía el apoyo editorial de tres modelos de IA diferentes. La primera conversión en blog fue realizada por ChatGPT bajo la supervisión editorial de Jonathan Fox, seguido por una evaluación de su fidelidad con la transcripción (90%). Para maximizar la fidelidad del blog a las palabras exactas, frases e ideas originales de los autores, el blog fue revisado por NotebookLM, bajo la supervisión editorial de Jonathan Fox, seguido por su revisión editorial (alcanzando 95% de fidelidad). Esa versión fue revisada por los autores y por Jonathan Fox y Judy Gearhart. Con el espíritu de aprender haciendo, comentarios bienvenidos.
[1] Nota del editor: En algunas pesquerías, los miembros de CONMECOOP han aplicado voluntariamente medidas de auto regulación más allá que la ley.




